El Gobierno representa los intereses de la población urbana e industrial, y está, por decirlo así, acampado en medio de una nación campesina, con la cual sus relaciones son más diplomáticas y militares que gubernamentales en el sentido ordinario.
La situación económica, al igual que en Europa Central, es favorable para el campo y desfavorable para las ciudades. Si Rusia fuera gobernada democráticamente, según la voluntad de la mayoría, los habitantes de Moscú y Petrogrado morirían de hambre. Tal como están las cosas, Moscú y Petrogrado logran apenas sobrevivir, al tener todo el poder civil y militar del Estado consagrado a sus necesidades.
Rusia ofrece el curioso espectáculo de un vasto y poderoso Imperio, próspero en la periferia, pero enfrentado a una extrema necesidad en el centro. Aquellos que tienen menor prosperidad tienen mayor poder; y es únicamente a través de su exceso de poder que logran siquiera vivir.
La situación se debe en el fondo a dos hechos:
- que casi todas las energías industriales de la población han tenido que dedicarse a la guerra, y
- que los campesinos no aprecian la importancia de la guerra ni el hecho del bloqueo.
Es inútil culpar a los bolcheviques por una situación desagradable y difícil que les ha sido imposible evitar.