Mostraba también al hermano anarquista (como era de esperar debido a la hostilidad bolchevique hacia el anarquismo) como un individuo indisciplinado, perezoso, un buen para nada, con un amor apasionado por Sonia, la joven bourgeoise, que amenazaba con volverse peligroso de no ser correspondido. Ella, por su parte, prefería evidentemente al comunista. Estaba claro que él correspondía a su amor, pero no era del todo evidente que deseara que la relación fuera algo más que una camaradería platónica al servicio de su ideal común.
Una huelga fracasada, que trajo consigo penurias y el peligro de la policía, junto con una creciente envidia por parte del anarquista, condujeron al trágico desenlace.
No me quedó del todo claro cómo se produjo esto. Toda acción violente se desarrollaba fuera del escenario, y esto hacía que el argumento fuera a veces difícil de seguir.
Pero parecía que el anarquista, en un arrebato de celos, falsificó una carta de su hermano para citar a Sonia en un encuentro, y allí la asesinó, al tiempo que delataba a su hermano ante la policía. Cuando estos últimos llegaron para efectuar su arresto, y acusarlo también a él, por ser la persona más probable, del asesinato, al anarquista le asaltaron los remordimientos y confesó.
Ambos fueron, por lo tanto, conducidos juntos.
Una vez esbozado el argumento, la obra no requiere comentarios. No tenía gran mérito, aunque es imprudente arriesgar un juicio sobre una obra cuyo diálogo no fue interpretado plenamente, pero era sin duda real, y el vínculo entre el público y los intérpretes se estableció como jamás pareció hacerse en el teatro profesional.
Terminada la función, se despejó el suelo para bailar, y el público se encontraba en un estado de disfrute absoluto.