de violencia que al parecer le hacían gracia. Habló como si la dictadura sobre el campesino tuviera que durar mucho tiempo, debido al deseo de libre comercio de este. Dijo saber por estadísticas (lo que creo firmemente) que en estos dos últimos años los campesinos han comido más que nunca, «y sin embargo están en contra nuestra», añadió un tanto melancólico. Le pregunté qué responder a los críticos que afirman que en el campo simplemente ha creado la propiedad campesina, no el comunismo; respondió que eso no es del todo cierto, pero no dijo cuál es la verdad.
La última pregunta que le hice fue si la reanudación del comercio con los países capitalistas, en caso de producirse, no crearía centros de influencia capitalista y haría más difícil la preservación del comunismo. Me había parecido que los comunistas más fervientes bien podían temer el intercambio comercial con el mundo exterior, por considerarlo conductor a una infiltración de la herejía y por hacer que