el país o ayudaron a la contrarrevolución. Incluso aquellos que de hecho eran leales naturalmente pasaron a ser sospechosos y no podían ocupar puestos de responsabilidad con facilidad, del mismo modo que los alemanes no podían hacerlo en Inglaterra durante la guerra. Los rusos nativos que poseían habilidades técnicas o comerciales no eran mucho mejores; casi todos practicaron el sabotaje en el primer período del régimen bolchevique. Se oyen historias divertidas de marineros rasos bregando desesperadamente con contabilidades complicadas, porque ningún contable competente quería trabajar para los bolcheviques.
Pero aquellos días pasaron. Cuando se vio que el Gobierno era estable, una gran cantidad de quienes antes lo habían saboteado se mostraron dispuestos a aceptar cargos en él y de hecho ahora están empleados en ellos, a menudo con sueldos bastante excepcionales. Su importancia es plenamente reconocida. Una resolución del Congreso antes mencionado dice (cito textualmente el documento sin editar que se nos entregó en Moscú):