raciones, ya de por sí insuficientes, en las fábricas donde la producción cae por debajo de lo que las autoridades esperan, un ejército de espías dispuesto a denunciar cualquier tendencia a la disidencia política y a procurar el encarcelamiento de sus promotores: esta es la realidad de un sistema que todavía profesa gobernar en nombre del proletariado.
Al mismo tiempo, el peligro interno y externo ha hecho necesaria la creación de un vasto ejército reclutado mediante leva, a excepción de un núcleo comunista, entre una población sumamente cansada de la guerra, que aupó al poder a los bolcheviques porque ellos eran los únicos que prometían la paz.
El militarismo ha producido su resultado inevitable en forma de un espíritu duro y dictatorial: los hombres en el poder afrontan su jornada laboral con la conciencia de que mandan sobre tres millones de hombres armados, y de que la oposición civil a su voluntad puede ser aplastada con facilidad.
De todo esto ha surgido un sistema dolorosamente similar al viejo gobierno del zar: un sistema que es asiático en su burocracia centralizada, su servicio secreto, su atmósfera de misterio gubernamental y terror sumiso. En muchos aspectos se asemeja a nuestro Gobierno de la India. Al igual que ese Gobierno, defiende la civilización, la educación, la sanidad y las ideas occidentales de progreso; está compuesto en su mayor parte por hombres honestos y trabajadores, que desprecian a aquellos a quienes gobiernan, pero que se creen en posesión de algo valioso que deben transmitir a la población, por muy poco que esta lo desee. Al igual que nuestro Gobierno en la India, viven aterrorizados ante la posibilidad de levantamientos populares, y se ven obligados a recurrir a represiones crueles para preservar su poder. Al igual que aquel, representan una filosofía de vida ajena, que no puede imponerse al pueblo sin un cambio de instinto, hábito y tradición tan profundo que se sequen los manantiales vitales de la acción, produciendo apatía y desesperación entre las víctimas ignorantes de la ilustración militante.