En un período así, el nacionalismo queda sumergido por el partido: los socialistas británicos y alemanes, o los capitalistas británicos y alemanes, sentirán más afinidad entre sí que con sus compatriotas del bando político opuesto. Pero cuando llegue ese día, no habrá dificultad, en los países altamente industrializados, para asegurar mayorías socialistas; si el socialismo no se lleva a cabo entonces sin derramamiento de sangre, se deberá a la acción inconstitucional de los ricos, y no a la necesidad de violencia revolucionaria por parte de los defensores del proletariado.
Que se forme o no un estado de opinión semejante depende principalmente de la terquedad o la transigencia de las clases poseedoras y, a la inversa, de la moderación o la violencia de quienes desean un cambio económico fundamental. La mayoría que los bolcheviques consideran inalcanzable se ve impedida principalmente por la crueldad de sus propias tácticas.
Aparte de todos los argumentos de detalle, existen dos objeciones generales a la revolución violenta en una comunidad democrática. La primera es que, una vez que se abandona el principio de respetar a las mayorías expresadas en las urnas, no hay razón para suponer que la victoria será lograda por la minoría particular a la que uno por casualidad pertenezca. Hay muchas minorías además de los comunistas: * minorías religiosas, * minorías abstemias, * minorías militaristas, * minorías capitalistas. Cualquiera de ellas podría adoptar el método de obtener el poder defendido por los bolcheviques, y cualquiera tendría tantas probabilidades de triunfar como ellos. Lo que frena a estas minorías, más o menos, en la actualidad, es el respeto a la ley y a la constitución.