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nydus/A Room With a ViewPublic
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VIII. Medieval

facciones bronceadas por el sol se veían ensombrecidas por rocas fantásticas; ante sus palabras ella se había girado y se había interpuesto entre él y la luz con inmensas llanuras a sus espaldas. Caminó de regreso a casa con ella sin avergonzarse, sin sentirse en absoluto como un pretendiente rechazado. Las cosas que realmente importaban seguían intactas.

De modo que ahora se lo había pedido una vez más, y, clara y amable como siempre, ella había aceptado, sin dar coquetas razones por su tardanza, sino diciéndole simplemente que lo amaba y que haría todo lo posible por hacerlo feliz.

Su madre también se alegraría; le había aconsejado dar el paso; tenía que escribirle un largo relato.

Mirándose la mano, por si alguno de los productos químicos de Freddy se le hubiera pegado, se acercó a la mesa de escribir. Allí vio «Querida señora Vyse», seguido de muchos tachones. Se apartó de un golpe sin leer más y, tras dudar un poco, se sentó en otra parte y redactó una nota a lápiz sobre sus rodillas.

Luego encendió otro cigarrillo, que no le pareció tan divino como el primero, y sopesó qué podría hacerse para que el salón de Windy Corner tuviera más personalidad. Con aquellas vistas, debería haber sido una habitación lograda, pero llevaba el sello inconfundible de Tottenham Court Road; casi podía visualizar los furgones de los señores Shoolbred y de los señores Maple llegando a la puerta y descargando esta silla, aquellas librerías barnizadas, ese escritorio. El escritorio le trajo a la memoria la carta de la señora Honeychurch. No quería leer esa carta⁠—sus tentaciones nunca iban por ahí⁠—, pero no por ello dejaba de preocuparle. Era culpa suya que ella estuviera hablando de él con su madre; había querido contar con su apoyo en su tercer intento de conquistar a Lucy; necesitaba sentir que los demás, sin importar quiénes

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