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nydus/A Room With a ViewPublic
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En Santa Croce sin Baedeker

El tranvía quedó enredado entre sus filas y avanzó penosamente, como una oruga en un hormiguero. Uno de los niños se cayó, y unos bueyes blancos salieron de un arco. En verdad, si no hubiera sido por los buenos consejos de un viejo que vendía sacabocados, es posible que el camino nunca se hubiera despejado.

En nimiedades como estas se puede ir deslizando valiosa hora tras hora, y el viajero que ha ido a Italia a estudiar los valores táctiles de Giotto o la corrupción del Papado, puede regresar sin recordar nada más que el cielo azul y los hombres y mujeres que viven bajo él.

Así que estuvo bien que la señorita Bartlett llamara y entrara, y tras comentar que Lucy se había dejado la puerta sin llave y que se asomaba a la ventana antes de estar completamente vestida, la instara a darse prisa, o lo mejor del día se habría ido.

Para cuando Lucy estuvo lista, su prima había terminado de desayunar y escuchaba a la dama inteligente entre las migas.

Se desarrolló entonces una conversación, por caminos bien conocidos. La señorita Bartlett estaba, al fin y al cabo, un poquito cansada, y pensaba que harían mejor en pasar la mañana instalándose; ¿a menos que a Lucy le apeteciera mucho salir?

A Lucy le apetecía bastante salir, ya que era su primer día en Florencia, pero, por supuesto, podía ir sola. La señorita Bartlett no podía permitirlo. Por supuesto que acompañaría a Lucy a todas partes. ¡Oh, desde luego que no; Lucy se quedaría con su prima! ¡Oh, no! ¡Eso jamás! ¡Oh, sí!

En este punto, la ingeniosa dama intervino.

“Si es la señora Grundy quien la preocupa, le aseguro que puede usted ignorar a esa buena mujer. Al ser inglesa, la señorita Honeychurch estará

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