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nydus/A Room With a ViewPublic
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En Santa Croce sin Baedeker

Se acercaba la hora en que el desayuno continental empieza, o más bien deja, a hacer efecto, y las señoritas compraron un poco de pasta de castañas caliente en una tiendecita, porque tenía un aspecto muy típico.

Sabía en parte al papel en el que iba envuelta, en parte a aceite capilar, en parte al gran desconocido. Pero les dio fuerzas para deambular hasta otra plaza, grande y polvorienta, al otro lado de la cual se alzaba una fachada blanca y negra de sobrecogedora fealdad.

La señorita Lavish le habló con teatralidad. Era Santa Croce. La aventura había terminado.

—Espere un minuto; deje que esas dos personas sigan adelante, o tendré que hablarles. De verdad que detesto el trato convencional. ¡Qué asco! Encima van a entrar en la iglesia. ¡Ah, el británico en el extranjero!

“Nos sentamos enfrente de ellos en la cena de anoche. Nos han dado sus habitaciones. Fueron muy, muy

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