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IV. The Music

y se despidieron riendo. La señora Bailey parecía una muchacha feliz y emocionada. Bajó las escaleras con paso atareado y cordial, tarareando una melodía hacia un mundo sociable que la esperaba, desafiando las dificultades con el eco de la risa en su voz.

—Tus Barker y tus Horsley musitó Miriam disminuyendo el paso en la escalera; el sonido de la voz baja, tranquila, alegre y confiada que estabilizaba el aspecto del mundo y una extraña y nueva sensación del mundo médico londinense salpicado de hombres de fama mundial, a quienes se acudía desde lejos, con reverencia, en busca de formación especializada por parte de médicos ya cualificados, compitieron en su interior mientras se preparaba para irse a la cama, cumpliendo serenamente con todos los pequeños y pesados trámites.

Algo en el centro de la vida se había estabilizado y aclarado. Emitía un resplandor semejante a la luz del sol a través de los interminables procesos de las cosas; hasta un cepillo de dientes deshilachado formaba parte de la escena iluminada por el sol; no pasada por alto, ni simplemente sombría, sino parte de la escena iluminada por el sol.

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