seguidos de gruesos signos de exclamación. Era una especie de periódico pequeño, con la letra airada demasiado pesada para el papel fino. * Verde. * Era verde por completo…
—Digo —exclamó con entusiasmo—.
Ese era el hombre gris. Irlandés. Eso sigue ocurriendo —dijo solícita a un gran auditorio—.
¿El qué, querida? —preguntó la silueta de Eleanor cerca de su costado.
Irlanda —susurró Miriam—. Tenemos a un autonomista en casa. Mirad esto; verde de cabo a rabo. Es propaganda, en Londres, muy enfadados.
—Espero que el autonomista no sea verde de cabo a rabo —bromeó Eleanor con suavidad.
—Es The wearin’ o’ the green [1] —regañó Miriam—. La Isla Esmeralda. Somos muy estúpidos. Una chica irlandesa que conocía me dijo que «simplemente no podía soportar ponerse a pensar» en cómo tratamos a nuestros hijos.