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VI

La de la patria, la feliz patria, casi me disloca la mandíbula, podía imaginárselo cantando con ganas y desafinado junto a un grupo de estudiantes canadienses. Ella le devolvió la sonrisa sin decir nada, reuniendo rápidamente las piezas del mundo que provocaba sus sonrisas profundas y abarcadoras; él mismo, el maravilloso y pequeño viejo país en el que se encontraba como un incidente del negocio de obligarse a ser médico, su suerte al conseguir a una joven inglesa consumada que lo preparara para la lucha contra el gran mundo médico de Alemania; su triunfante y risueña satisfacción por adelantarse a los demás muchachos al conseguir una cita para salir con ella.⁠ ⁠…

La grandeza de esta mejor recámara de la señora Bailey no significaba nada para él. La habitación era solo una tienda de campaña en sus deambulares.⁠ ⁠… Por el momento iba a llevar a una joven a un concierto. Así es como lo veía. Era una simple, juvenil, pelirroja y abierta prolongación del doctor von Heber.

Cuando se vio afuera, en la vasta mugre y penumbra del descansillo crepuscular, se dio cuenta de

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