de pie junto a la ventana. Era lo que cualquier otro huésped habría dicho y luego: qué bien estuvo, qué conferenciante tan espléndido, y habría contado el tema y su nombre y una idea extraída de la conferencia, y habrían estado de acuerdo y se habrían ido alegremente a la cama, sin pensar en nada. Intentar contar de verdad algo sobre la conferencia equivaldría a sumergirse en tergiversaciones y malentendidos y terminar con la conferencia disuelta. Decir algo real al respecto la llevaría a vivir el resto de su vida con los Bailey, ayudándoles con sus planes… se dio la vuelta y regresó con aire atareado. Es muy tarde, murmuró. La señora Bailey sonrió y bostezó. Al menos no tan tarde, no del todo mañana, continuó dándose la vuelta hacia el reloj y luego otra vez para examinar los cuadros y el papel pintado. Con solo quedarse allí estaba respondiendo a la pregunta de la señora Bailey. De repente se echó a reír y se giró, riendo, como si estuviera a punto de comunicar algún recuerdo divertido. Es de lo más absurdo, dijo,
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IV. The Music
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