—Muy cierto. Eso es algo que una persona puede comprender. Pero eso no hace que esté bien venir a molestar a gente particular y portarse de la manera en que ella lo ha hecho. Unos desconocidos. Jamás he visto semejante conducta, ni he oído hablar de ella.
“No.”
“Supongo que tendrá parientes; o amigos”.
“Pues a eso me refiero. No creo que lo haya hecho. Supongo que la verdad es que todos sus amigos están cansados de ayudarla”.
“Bueno, en eso no la juzgo. No hay nadie que pueda ser tan cruel como los parientes, vaya si lo sabré, palabra.”
“Sí.”
«Se apartarán de ti cuando estés luchando al máximo por salir adelante, con la salud deteriorada, sola con cuatro hijos pequeños, tu marido arramblado y ni un céntimo».
“Sí.”
“En eso le doy la razón. Todo lo que tengo, después de la Divina Providencia, se lo debo a mis propias manos y a la ayuda de extraños a quienes no tenía por qué exigirles nada. Pero ¿por qué no actúa de frente? Eso es lo que digo yo, y sé de lo que hablo. Siempre hay gente dispuesta a ayudarte si pones de tu parte. Con algunos es todo recibir y nada dar”.
“Vampiros. Las personas son extraordinarias”.
“Eso dirías tú si tuvieras esta casa que administrar”.
“Supongo que sí”.
“Abres los ojos. Con el uno y con el otro.”