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I

jardines cercados por verjas. Los tranvías tintineaban de arriba a abajo por el centro de la vía, mostrando los nombres de zonas desconocidas de Londres. Había gente de pie en las isletas de las paradas, subiendo y bajando de los tranvías. Había ido demasiado lejos. Aquel era el yermo, el alma descarnada del norte de Londres, su áspero, inmutable y abarcador olvido. … Innumerables impresiones acumuladas en paseos con las alumnas o en solitarias deambulaciones; los motivos y sentimientos sin velos de la gente con la que se había cruzado en las calles, la expresión de las narices y de los hombros, la indefinible uniformidad de porte, propósito y visión, se agolpaban en su interior, oprimiendo y oscureciendo el aire nítido y luminoso. Ella luchaba contra ellos, aferrándose al sentido del día. Era Navidad para todos ellos. Celebraban la Navidad en sus hogares, la llevaban a las calles, deambulaban con paquetes, se saludaban con sus voces ásperas e irónicas. Mucho tiempo atrás había dejado atrás el mundo de ellos para siempre, llevándolo consigo, una herida en su conciencia sin cicatrizar, pero incapaz de volver a infligirse, incapaz de extenderse a su vida. Ellos y su mundo seguían allí, inalterados. Pero jamás volverían a tocarla, atrincherada en su riqueza. Ya no importaba que siguieran su camino exactamente del modo en que lo seguían. Odiarlos por el sufrimiento pasado, ahora que estaban desterrados e indefensos, era permitirles que arruinaran su día. …

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