No tenían tiempo. Estaban demasiado ocupados. Eso formaba parte del plan. De algún modo se les impedía hacer nada.
El Dr. von Heber se había salvado. Los ojos fascinantes y la sonrisa bufona lo habían salvado; apareciendo de la nada para decirle que era una coqueta. Él se había jactado. Ella me adora; ¡ja! Les digo que ella me adora, solía decir.
Era la historia repitiéndose. Max y Ted. Otra vez después de todos estos años. Un judío.
El barco inconsciente, inexorable… desliza por el Atlántico. Volverían a retomar su brillante vida canadiense. Inglaterra, un cuadro silencioso que se desvanece… Estimado Dr. von Heber. Me debo a mí misma informarle simplemente de que la leyenda que oyó sobre mí no era verdad. Deseándole una feliz y próspera carrera, le saluda atentamente. Eso equivaldría a decir yo, tonta, que he descubierto demasiado tarde que no fui lo suficientemente lista como para dejarle imaginar que usted era el único tipo de hombre en el mundo… las mujeres discretas son astutas. Para triunfar en el mundo es necesario ser astuto. Von Heber es astuto. Cauto y prudente y astuto. ¿Qué pensaba el genio Wayneflete? El genio lo comprende todo. Las mujeres discretas, formales y listas son para él libros abiertos. Nunca se casará. Un viejo y caprichoso fracasado, Winchester, que se desvanece en la Columbia Británica; un fracasado; condecorado en sus conversaciones nocturnas por haber estado en Inglaterra… Mi querido von Heber, ¿qué demonios quiere decir? ¿Cuándo se reunirá conmigo? Elija sus propias armas… eso equivaldría a admitir que no se tiene derecho a ser tan libre e indiscreta como uno elija… “una mujer debe marchar con su regimiento; si es sabia, lo hace”; algo así. Si una mujer es astuta, marcha con su regimiento… todas de acuerdo, siendo