Miriam emergió suavemente hacia la oscuridad y quedó allí radiante. No había nada salvo la fresca sensación de la vida brotando de alguna fuente interior y los profundos y frescos espacios de la oscuridad a su alrededor.
Tal vez se había despertado a causa de su felicidad… clara, suave y tersa, en una melancólica tonalidad menor, un hilo de melodía sonó desde muy lejos en la noche, directo a su corazón.
No había nada entre ella y el sonido que la había llamado tan suavemente de su sueño profundo. Contuvo su alegría para escuchar. No había tristeza en el curioso y apesadumbrado airecillo.
La sacó al vecindario tranquilo … una oscuridad brumosa a lo largo de caminos vacíos, planchas de luz de farola aquí y allá en las aceras y sobre las fachadas de las casas … negrura en grandes jardines y sobre el puente y en los jardines de la parte trasera de las hileras de pequeñas casas silenciosas y oscuras, una pálida luminosidad sobre el canal y los embalses. En algún lugar entre los pequeños caminos, un grupo de músicos tocando notas suaves y dulces, lenta y cuidadosamente, con un hálito tenue, como para no despertar a nadie, sin tocar para nadie, hacia la oscuridad. De vuelta de la oscuridad fresca brotó la música dulce y clara … los waits; claro que sí. Ella salió precipitadamente con el corazón por delante, escuchando, siguiendo el reclamo de la música hacia el interior secreto y feliz de la vida de cada forma durmiente, fluyendo rauda a través de una marea de incidentes recordados y olvidados, entrando y saliendo entre las estaciones de los años. La impulsaba hacia el mañana haciéndola erguirse a la luz de la mañana, diciéndole a gritos que el día estaba ahí y que solo tenía que levantarse hacia él … la pequeña melodía se había detenido en un acorde armonioso y cesó …