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IX

Hubo un fuerte rat-tás en la puerta principal, más que un telegrama y menos que un visitante; una exigencia, familiar y perentoria. La señora Bailey alzó la vista con brusquedad. Sissie salía a zancadas apresuradas de la habitación. —Dios mío —gorjeó Eleanor con suavidad—, alguien quiere entrar. —Bueno; daré las buenas noches —dijo la figura gris y se volvió con naturalidad hacia la puerta, con un balanceo curioso, dubitativo y pausado, exactamente igual a la voz. Podía detenerse fácilmente, si alguien entraba, y seguir divagando en un movimiento continuo. Los hombros grises que salían por la puerta bajo la luz del gas no daban la impresión de marcharse de la habitación, desolados, parecían desolados.

El cuarto estaba casi vacío. La señora Bailey estaba escuchando sin disimulo hacia el recibidor. Sissie entró mirando con cautela a su alrededor.

  • Es el señor Rodkin, mamita —dijo de mal humor.
  • ¿Rodkin? ¿Él? —exclamó la señora Bailey, transfigurada.

¿Puedo pasar? —preguntó una voz profunda, hueca y sutil en la puerta—, ¿cómo está, señora Bailey?

La señora Bailey había abierto la puerta de par en par y reía y estrechaba la mano con entusiasmo, arriba y abajo, a un hombrecito bajito, moreno, de bigote negro y con los brazos llenos de periódicos y un sombrero de copa echado hacia atrás en la cabeza.

Well , he said uncovering a small bony sleek black head and sliding into a chair, his hat sticking out from the hand of the arm clasping the great bundle of newspapers. How grand you are. Moy word. What’s the meaning of it? His teeth gleamed brilliantly. He had small high prominent cheekbones, yellow beaten-in temples and a yellow hollow face; yet something almost

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