Codal
nydus/Winnie-the-PoohPublic
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VI. En el que a Igor le celebran su cumpleaños y le dan dos regalos

bien pequeño de miel; y así era, de modo que lo bajó.

«Se lo voy a dar a Ígor», explicó, «como regalo. ¿Qué le vas a regalar tú?» «¿No podría dárselo yo también?», dijo Piglet. «¿De parte de los dos?» «No», dijo Pooh. «Eso no sería una buena idea». «Bueno, entonces, le regalaré un globo. Me queda uno de mi fiesta. Iré a buscarlo ahora mismo, ¿te parece?» «Eso, Piglet, es una muy buena idea. Es justo lo que Ígor necesita para animarse. Nadie puede estar desanimado con un globo».

Así que Piglet se marchó al trote; y en dirección contraria fue Pooh, con su tarro de miel.

Era un día cálido, y le quedaba un largo camino por recorrer. No había andado ni la mitad cuando una especie de sensación extraña empezó a apoderarse de todo su cuerpo. Le empezó en la punta de la nariz, le recorrió por completo y le salió por las plantas de los pies.

Era como si alguien dentro de él le dijera: «Vamos, Pooh, es la hora de un bocadito».

—Vaya, vaya —dijo Pooh—, no sabía que fuera tan tarde.

Así que se sentó y le quitó la tapa a su tarro de miel. «Qué suerte haberlo traído conmigo —pensó—. Muchos osos que salen de paseo en un día cálido como este jamás habrían pensado en traer un tentempié». Y se puso a comer.

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