En el que Christopher Robin le da una fiesta a Pooh, y nos despedimos
Un día, cuando el sol había vuelto sobre el Bosque, trayendo consigo el aroma de mayo, y todos los arroyos del Bosque tintineaban felices al encontrarse de nuevo con su propia y bonita forma, y los pequeños charcos se quedaban soñando con la vida que habían visto y las grandes cosas que habían hecho, y en la calidez y el silencio del Bosque el cuco probaba su voz con cuidado y escuchaba para ver si le gustaba, y las palomas torcaces se quejaban suavemente para sus adentros a su manera perezosa y cómoda de que era culpa del otro tipo, pero que tampoco importaba tanto; en un día como este, Christopher Robin silbó de una manera especial que tenía, y Búho salió volando del Bosque de los Cien Acres para ver qué se le ofrecía.
«Búho», dijo Christopher Robin, «voy a dar una fiesta». «¿Ah, sí?», dijo Búho.
«Y va a ser una fiesta muy especial, porque es por lo que hizo Pooh cuando hizo lo que hizo para salvar a Piglet de la inundación». «¡Ah, para eso es, es eso?», dijo Búho.
«Sí, así que díselo a Pooh lo antes que puedas, y a todos los demás, porque será mañana». «Ah, ¿sí, será mañana?», dijo Búho, intentando seguir siendo todo lo útil posible.
«¿Así que irás a decirles, Búho?»
Búho intentó pensar en algo muy sabio que decir, pero no pudo, así que salió volando para contárselo a los demás. Y la primera persona a la que se lo contó fue a Pooh.
«Pooh», dijo, «Christopher Robin va a dar una fiesta». «¡Ah!», dijo Pooh. Y al ver que Búho esperaba que dijera otra vez algo, dijo: «¿Habrá de esos pastelitos con glaseado de azúcar rosa?».