Búho sintió que estaba muy por debajo de su dignidad hablar de pastelitos con glaseado de azúcar rosa, así que le dijo a Pooh exactamente lo que Christopher Robin había dicho, y voló hacia donde estaba Igor.
«¿Una fiesta para mí?», pensó Pooh para sus adentros. «¡Qué gran cosa!». Y empezó a preguntarse si todos los demás animales sabrían que era una Fiesta Especial de Pooh, y si Christopher Robin les había hablado del Oso Flotante y del Cerebro de Pooh y de todos los maravillosos barcos que había inventado y en los que había navegado, y empezó a pensar en lo terrible que sería si todo el mundo se hubiera olvidado de aquello y nadie supiera muy bien para qué era la fiesta; y cuanto más pensaba así, más se le enredaba la fiesta en la cabeza, como un sueño en el que nada sale bien. Y el sueño empezó a cantarse a sí mismo en su mente hasta convertirse en una especie de canción. Era una
¡3 hurras por Pooh! ( ¿Por quién? ) Por Pooh— ( ¿Pues qué hizo él? ) ¡Pensé que lo sabías; Salvó a su amigo de un buen chapuzón! ¡3 hurras por el Oso! ( ¿Por dónde? ) Por el Oso— No sabía nadar, ¡Pero lo fue a rescatar! ( ¿Rescató a quién? ) ¡Ay, escucha bien! Estoy hablando de Pooh— ( ¿De quién? ) ¡De Pooh!