Constituye un interés esencial del Estado y de la nación velar por que el pueblo no caiga en manos de maestros malos, ignorantes o francamente malintencionados.
Es deber del Estado, por lo tanto, vigilar la educación del pueblo e impedir que tome una dirección equivocada, y debe vigilar lo que hace la Prensa, en particular, pues su influencia en los hombres es con mucho la más fuerte y penetrante de todas, ya que su acción no es transitoria sino continua.
- Su inmensa importancia radica en la repetición uniforme y persistente de sus enseñanzas.
Aquí, si en alguna parte, es deber del Estado no olvidar que cualquier cosa que haga debe estar dirigida a un solo fin, y a uno solo; no debe dejarse extraviar por el fuego fatuo de la llamada «libertad de prensa», ni dejarse persuadir de que debe descuidar sus deberes y retener el alimento que la nación necesita para mantenerse sana.
Debe mantener el control de ese instrumento de educación popular con absoluta determinación y ponerlo al servicio del Estado y de la nación.
Lo que la llamada Prensa Liberal hizo antes de la Guerra fue cavar una tumba para la nación alemana y el Reich alemán. No necesitamos decir nada sobre los periódicos marxistas mentirosos; para ellos, mentir es tan necesario para la vida como maullar para un gato. Su único objetivo es quebrantar los poderes de resistencia nacionales y populares, para prepararlos para la esclavitud del capital internacional y de sus amos, los judíos.
¿Qué hizo el Estado para contrarrestar este envenenamiento generalizado de la nación? ¡Nada, absolutamente nada!