Para el desarrollo de la cultura superior fue necesario que hubieran existido hombres de civilización inferior, pues nadie sino ellos podía ser un sustituto del instrumento técnico sin el cual el desarrollo superior habría sido concebible. En sus inicios, la cultura humana dependió sin duda menos de la bestia amaestrada y más del empleo de material humano inferior.
No fue sino hasta que las razas conquistadas fueron esclavizadas cuando una suerte semejante recayó sobre el mundo animal; lo contrario no fue el caso, como a muchos les gustaría creer. Pues fue el esclavo quien primero tiró del arado, y después de él el caballo. Nadie más que unos necios pacifistas puede ver en esto una prueba más de la depravación humana; los demás deben ver con claridad que este desarrollo tenía que suceder forzosamente para llegar a un estado de cosas en el cual esos apóstoles puedan soltar sus necedades al mundo.
El progreso humano es como subir por una escalera sin fin; un hombre no puede subir más alto a menos que primero haya montado en el peldaño más bajo. Así, el ario tuvo que seguir el camino que lo conducía a la realización, y no el que existe en los sueños de un pacifista moderno.