en que un adversario político hacía ya mucho tiempo que había descartado ese punto de vista y declaraba con total franqueza que pretendía, si podía, alcanzar sus fines políticos por la fuerza.
El programa político de los partidos burgueses se apoyaba en el pasado, en la medida en que no se habían reconciliado ya con el nuevo estado de cosas; su objetivo, sin embargo, era tener una participación, si era posible, en las nuevas condiciones. Pero sus únicas armas seguían siendo, como antes, palabras, y solo palabras.
Las únicas organizaciones que en aquel tiempo poseían la fuerza y el valor para oponerse al marxismo y a las masas que este excitaba eran, ante todo, los Cuerpos Francos (Freikorps), más tarde las organizaciones de autodefensa y la Einwohnerwehr, y finalmente los vínculos de la tradición.