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nydus/Mein KampfPublic
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CAPÍTULO XIV. POLÍTICA EN EL ORIENTE

Hemos dejado de disfrutar de ninguna posición en comparación con los demás grandes Estados del mundo, y eso gracias meramente a la dirección fatal de nuestra nación en la política exterior, a una falta absoluta de cualquier tradición, por así llamarla, de una política definida en los asuntos exteriores, y a la pérdida de todo instinto sano e impulso para mantenernos como nación.

Todo esto debe ser remediado por el movimiento nacionalsocialista, el cual debe intentar eliminar la desproporción entre nuestra población y nuestro territorio — MI LUCHA *55 considerado este último tanto como fuente de sustento como base del poder político—, entre nuestro pasado histórico y la desesperanza de nuestra impotencia actual.

Uno de los mayores logros de la política alemana fue la formación del Estado prusiano y el cultivo, a través de él, de la idea de Estado; así como la consolidación del ejército alemán, puesto al día con las exigencias modernas. El paso de la idea de defensa individual a la defensa nacional como un deber brotó directamente de esa formación estatal y de los nuevos principios que introdujo. Es imposible exagerar la trascendencia de tal acontecimiento. La nación alemana, disgregada por un exceso de individualismo, se disciplinó bajo el organismo del ejército prusiano y recuperó por ese medio al menos una parte de la capacidad de organización que se había perdido. Mediante el proceso de instrucción militar, recuperamos para nosotros como nación lo que otros pueblos siempre han poseído en su búsqueda de la unidad. Por tanto, la abolición de la obligación del servicio militar —que para decenas de otras naciones puede carecer de sentido— tiene para nosotros una importancia fatales. Dadas diez generaciones de alemanes sin la disciplina y la educación de la instrucción militar, y entregadas a las malas

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