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Capítulo XI. Propaganda y Organización

Una de las tareas principales de la organización es velar por que ningún signo de desunión se introduzca en los miembros del Movimiento para causar divisiones y llevar así a un debilitamiento de la labor del Movimiento; así como también que el espíritu de ataque no decaiga, sino que sea continuamente renovado y fortalecido.

Con este fin, los miembros no deben multiplicarse indefinidamente; pues dado que la energía y la audacia solo existen en una parte de la humanidad, un Movimiento cuya organización no le ponga límites se volvería inevitablemente débil algún día.

Por consiguiente, es fundamental, aunque solo sea por motivos de autoconservación, que mientras mantenga su éxito un movimiento deje de aumentar sus miembros y, a partir de ese momento, ejerza la mayor cautela y solo tras un examen exhaustivo considere la posibilidad de ampliar su organización.

Solo por este medio mantendrá fresco y sano el núcleo del Movimiento. Debe velar por que este núcleo siga teniendo el control exclusivo del movimiento, es decir, que decida sobre la propaganda que ha de conducir al reconocimiento universal y, estando en posesión de todo el poder, lleve a cabo las operaciones necesarias para la realización práctica de sus ideales.

Como responsable de propaganda del Partido, tuve cuidado no solo de preparar el terreno para la futura grandeza del Movimiento, sino que trabajé sobre principios muy radicales para que solo el mejor material fuera introducido en la organización.

Pues cuanto más radical y emocionante era mi propaganda, más espantaba a los caracteres débiles y vacilantes, impidiéndoles penetrar en el núcleo íntimo de nuestra organización. Y todo esto fue para bien.

Hasta mediados de 1921 esta actividad creadora sufi¬ gió, y no hizo más que bien al Movimiento. Pero en el verano de aquel año ciertos

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