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nydus/Mein KampfPublic
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Capítulo II: El Estado

reproducirse y cargar así con un peso de sufrimiento indescriptible tanto a sus contemporáneos como a su descendencia, mientras que, por otra parte, se ofrecen medios para prevenir el nacimiento a la venta en todas las farmacias, e incluso por buhoneros, aun cuando los padres estén perfectamente sanos. En este ordenado Estado de los últimos tiempos —como afirman quienes lo defienden— en este mundo feliz de la burguesía nacionalista, la prevención de la fecundidad en los enfermos de sífilis, tuberculosis y enfermedades hereditarias, lisiados y cretinos, cuenta como un crimen, mientras que lo que es en la práctica un cese de la fecundidad en millones de los nuestros mejores no se considera un mal ni una ofensa contra la moral de esta sociedad mojigata; es en su lugar un soborno para su cortedad de miras y flojera de pensamiento. Pues si fuera de otro modo, tendrían que devanarse los sesos y considerar cómo proveer al mantenimiento y la conservación de los representantes sanos de nuestra nación, que debieran realizar un servicio similar en beneficio de las generaciones venideras.

¡Cuán falto de ideales y de honor está todo este sistema! Nadie se esfuerza por cultivar lo mejor en aras de la posteridad, sino que se deja que las cosas sigan tal y como van ahora.

Es deber del Estado Nacional recuperar todo MI LUCHA *59 que ahora se está dejando caer por todas partes. Debe poner a la raza en el centro de la vida general de la nación y velar por que se mantenga pura. Debe declarar que la infancia es la posesión más valiosa de la nación. Debe cuidar que solo los sanos engendren hijos; que no es otra cosa que vergonzoso para las personas enfermas o con discapacidades personales traer hijos al mundo, pero que, por otro lado, es una acción honorable abstenerse de hacerlo.

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