Codal
nydus/Mein KampfPublic
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El Partido Socialista Obrero

En la estación de Coburg nos salió al encuentro una delegación de los organizadores del «Día Alemán», la cual nos comunicó que se había «dispuesto», por orden de los sindicatos locales —es decir, del Partido Independiente y del Comunista—, que no debíamos entrar en la ciudad con nuestras banderas desplegadas y nuestra música tocando (llevábamos una banda de cuarenta y dos músicos), ni debíamos marchar en filas cerradas. Rechacé estas condiciones vergonzosas sin más dilación y no dejé de expresar a aquellos caballeros que habían organizado este «Día» mi asombro por el hecho de que negociaran con semejante gente y llegaran a un acuerdo con ellos, al tiempo que declarué que la Sección de Asalto marcharía inmediatamente en formación cerrada hacia el interior de la ciudad con las banderas desplegadas y la música tocando.

En el patio de la estación fuimos recibidos por una multitud vociferante de muchos miles de personas. «Asesinos», «bandidos», «ladrones», «criminales» fueron los apelativos cariñosos que aquellos fundadores modélicos de la República alemana nos prodigaron. La joven Sección de Asalto mantuvo un orden perfecto. Marchamos hacia el patio del Hofbrauhauskeller, en el centro de la ciudad.

Para evitar que la multitud nos siguiera, la policía nos cerró las puertas del tribunal en las narices. Como esto era intolerable, exigí que la policía abriera las puertas. Tras una larga vacilación, accedieron.

Volvimos marchando por el camino por el que habíamos venido hacia nuestros cuarteles, y allí tuvimos que enfrentarnos finalmente a la multitud.

Los representantes del verdadero socialismo, de la igualdad y de la fraternidad se pusieron a tirar piedras.

Nuestra paciencia se había agotado, y repartimos golpes a diestra y siniestra durante diez minutos; un cuarto de hora más tarde ya no quedaba nada rojo que ver en las calles.

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