la siguiente generación para el sacerdocio no de sus propias filas, sino de la masa del pueblo. La mayoría de la gente no es consciente de esta importancia particular del celibato. Es el cimiento de la vigorosa fuerza que es instintiva en esa antigua institución.
Será deber del Estado nacional en su capacidad educativa cuidar de que haya una renovación perpetua de la clase intelectual con sangre nueva venida de abajo.
Es obligatorio para el Estado seleccionar con el máximo cuidado y exactitud, de entre el total de sus nacionales, todo el material humano dotado de evidente talento natural, y aplicarlo al servicio del Estado.
En nuestro mundo, tal como es hoy, esto parece imposible.
Todo trabajo tiene un valor doble, el puramente material y el ideal.
Su valor material descansa en la importancia de la labor realizada, medida no tanto por su aspecto material como por su necesidad esencial; mientras que, idealmente hablando, hay igualdad entre los hombres, desde el momento en que cada individuo en su propia esfera, sea cual fuere, se esfuerza por hacer lo mejor posible.
La estimación del valor de un hombre debe depender de la manera en que cumple la tarea que la comunidad le ha confiado. Pues la labor del individuo es solo el medio, no el objeto, de su existencia.
Antes bien, debe continuar formándose y ennobleciéndose como hombre, pero esto solo puede ser posible dentro del marco de la cultura que comparte y que debe tener siempre su fundamento en algún Estado.
Pero el día presente está forjando su propia ruina; introduce el sufragio universal, parlotea acerca de los derechos iguales y no puede dar razón alguna para pensar así.