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nydus/Mein KampfPublic
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Capítulo XIII: La política alemana de alianzas después de la guerra

Si la nación alemana quiere detener la podredumbre que amenaza a Europa, no debe caer en los errores del período de antes de la guerra, convirtiendo a Dios y al mundo entero en sus enemigos, sino que debe averiguar quiénes son sus oponentes más peligrosos para oponerse a ellos con toda su fuerza concentrada.

Si Alemania actúa de este modo, la raza venidera comprenderá nuestras grandes necesidades y ansiedades, y admirará tanto más nuestra amarga determinación cuando vea el brillante éxito que de ella se derivará.

Fue la idea fantástica de una alianza con el cadáver del Estado de los Habsburgo lo que arruinó a Alemania.

Hoy en día, el sentimentalismo fantástico al tratar las posibilidades de la política exterior es el mejor medio para impedir que volvamos a levantarnos para siempre.

¿Qué hicieron nuestros gobiernos para infundir en esta nación una vez más el espíritu de orgullosa independencia, desafiante hombría y determinación nacional?

En 1919, cuando la nación alemana estaba agobiada por el Tratado de Paz, había justificación para esperar que aquel documento de opresión contribuyera al clamor por la liberación de Alemania.

A veces sucede que los tratados de paz cuyas condiciones golpean a una nación como flagelos hacen sonar el primer toque de trompeta de la resurrección que llega más tarde.

¡Cuánto se podría haber aprovechado del Tratado de Versalles!

Cada uno de sus puntos podría haber quedado grabado a fuego en los cerebros y los sentimientos de la nación, hasta que finalmente la vergüenza común y el odio común se hubieran convertido en un mar de

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