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nydus/Mein KampfPublic
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Capítulo X: Los signos premonitorios del colapso en el Viejo Imperio

de la juventud y adquirían cuerpos fuertes como el acero. Solo mediante esos dos años de obediencia aprendía un joven a mandar. Al soldado disciplinado se le conocía por su forma de andar.

Esta fue la escuela de la nación alemana, y no sin razón se concentró en ella el odio inveterado de aquellos cuya envidia y codicia exigían que el Estado fuera impotente y sus ciudadanos desarmados.

A la forma del Estado y al Ejército se sumó el incomparable cuerpo de funcionarios del antiguo Imperio.

Alemania era el país mejor organizado y mejor adminis¬ trado del mundo.

Por mucho que se pudiera tachar a los funcionarios del Estado alemán de burócratas pedantes, esto no era mejor en otros Estados; al contrario, era peor.

Otros Estados no poseían esa maravillosa solidez del aparato ni el carácter de incorruptible honor de quienes pertenecían a él.

Más valía ser un tanto pedante, si se era honrado y fiel, que ilustrado y moderno si, al mismo tiempo, se era inferior en el carácter y —como ocurre a menudo hoy en día— ignorante e incompetente.

El organismo oficial y la maquinaria administrativa alemanes se distinguían especialmente por su independencia respecto a los gobiernos individuales, cuyas ideas políticas pasajeras no podían afectar la posición de los funcionarios del Estado alemán. La Revolución alteró todo esto fundamentalmente. Las consideraciones partidistas suplantaron a la capacidad y a la competencia, y un carácter íntegro e independiente constituía más una desventaja que una recomendación.

Sobre estos tres —la forma del Estado, el Ejército y el cuerpo de funcionarios— descansaba la maravillosa fuerza y eficacia del antiguo Imperio.

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