Los derechos humanos están por encima de los derechos del Estado. Si, en su lucha por los derechos humanos, una raza se hunde, significa que ha pesado demasiado poco en la balanza del destino como para ser apta para seguir existiendo en este mundo terrenal. Pues si un hombre no está preparado o es incapaz de luchar por su vida, la justa Providencia ya ha decretado su fin.
El mundo no es para razas de corazón cobarde.
Todo lo relacionado con el auge y la desaparición del movimiento pangermánico por un lado, y el asombroso avance del Partido Socialcristiano por el otro, habrían de ser de la más profunda consecuencia para mí como objetos de estudio.
Comenzaré mi examen con los dos hombres que pueden ser considerados como los fundadores y líderes de los dos movimientos: George von Schoenerer y el Dr. Karl Lueger.
Considerados como hombres, ambos sobresalen muy por encima de las personalidades políticas medias «parlamentarias». En ese lodazal de corrupción política universal, sus vidas enteras se mantuvieron limpias e incorruptibles. Y, sin embargo, mis simpatías personales se inclinaron al principio del lado del pangermanista Schoenerer, pero poco a poco se fueron adhiriendo también al líder cristiano-social.
Cuando comparé sus capacidades, Schönerer me pareció el pensador mejor y más sólido en los problemas básicos. Visualizó el fin forzoso del Estado austríaco con mayor claridad y acierto que nadie. Si se hubiesen escuchado sus advertencias sobre la monarquía de los Habsburgo, en particular en el Imperio, el desastre de la Guerra Mundial de Alemania contra toda Europa nunca habría ocurrido. Pero aunque Schönerer comprendía la esencia de los problemas, se equivocaba en lo que respecta al elemento humano.