Las circunstancias no podían hacer nada. Allí, de pie y acorralada en medio de todos ellos, aquello en lo que creía, su única prueba de cada cosa en la vida, siempre segura de su defensa y del refugio de su extraña y pequeña fuerza de hierro, había vuelto a ella misma, toda suya... era la recompensa no pedida de su fe inquebrantable. Permanecía allí, condecorada por un milagro.
Mrs. Bailey había triunfado; había justificado su eterna sonrisa de confianza.
Era envidiable; sus cualidades pregonadas por el éxito en un concurso cuyos jueces, al ser ciegos, nunca fallaban en el descubrimiento. …
Pero el milagro brilla tan solo un momento, y la vida personal, que ya no abre su camino de manera maravillosa, misteriosa, continua y decisiva, libremente dentro y fuera de la universalidad del todo, queda en adelante catalogada y expuesta, repitiendo hasta que el ojo se cansa de su fijeza, una pequeña figura sin brillo; y el mundo exterior queda intacto e inalterado. ¿Vale la pena? Un callejón sin salida, en el que la muerte aumenta con rapidez.
… ¿Pero sin ella, al final, no hay figura en absoluto?
La hora había sido un éxito tan sorprendente debido a un barniz de conocimientos: hasta el momento en que él había dicho Siempre, desde el principio, me ha interesado la filosofía. Entonces, saber que lo fascinante era la filosofía y no saber nada de filosofía, trajo la certeza de ser incapaz de mantener el ritmo. …
La filosofía había llegado, el extraño hilo sin nombre en los libros que no eran novelas, con su terrible nombre conocido al fin y desapareció en el mismo instante para siempre en las vidas de la gente que era libre de estudiar. …