rápida y observadora mirada. Ella se volvió una vez más hacia Sissie haciéndose cómplice y sonriente de la conversación que se traía entre manos con su vecino más lejano y escuchó con entusiasmo al otro lado de la mesa; «Gracieuse», decía el señor Shatov al final de una frase, pasando de la objeción a la reafirmación. El señor Rodkin le había preguntado si no le parecía bonita. Esa sería su palabra. No tendría otra palabra. El señor Shatov había mirado sopesando el asunto por primera vez. «Gracieuse.» Sin duda, eso era lo último que ella podía ser. Pero él lo pensaba.
Grace era una cualidad, no una apariencia. De carácter firme y poco agraciada. Ese, bien lo sabía, era el veredicto secreto de las mujeres; o bien, no sabe sacarse partido. Reflexionaba, buscando en vano cualquier fuente de gracia. La gracia era delicadeza, refinamiento, pequeños movimientos felinos y flexibles de la cabeza, la mente interior fija siempre en las conveniencias, haciendo visibles todas las inconveniencias, …