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I

—Es americano —dijo ella, entregándole desesperadamente el pequeño volumen verde.

—Un volumen de lo más curioso —replicó dudoso—, pero me extraña que me ofrezca el libro de un americano.

“Es el inglés más perfecto que se puede tener. Es un habitante de Nueva Inglaterra, un bostoniano; los Padres Peregrinos; conservaron el inglés de nuestro mejor periodo. El siglo quince”.

—Eso es de gran interés —dijo gravemente, pasando las preciosas páginas—. ¿Por qué no he oído hablar de este hombre? En Rusia conocemos por supuesto a su Thoreau, tiene cierta popularidad entre los extremistas, y conozco también por supuesto a su gran poeta, Vitmann. Veo que se trata de una especie de disertaciones filosóficas.

“No podrías tener un libro mejor en cuanto a estilo y fraseología en inglés, independientemente del significado”.

—No —dijo, con gravedad reprochativa—, la preciosidad no la puedo tolerar.

Miriam se sentía abrumada.

«Quizá no te guste Emerson —dijo—, pero te servirá de buen ejercicio. No hace falta que prestes atención al significado».

—Bien, ach-ma, lo intentaremos, pero no esta evanink; me duele la cabeza, más bien hablaremos; volvamos a los soobjects que hemos discutido ayer.

Apoyó los codos en la mesa, sosteniendo la barbilla con una mano, la barba torcida, un ojo reducido a una rendija por la protuberancia de la mejilla empujada hacia arriba, todo su rostro repentinamente pálido y pesado, con aspecto somnoliento.

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