Porque algunas mujeres tenían callos, la belleza femenina era un mito; porque el mundo podía prescindir de la poesía de la señora Hemans, las mujeres debían limitar su atención a los budines y a los bebés.
El descaro infernal y complaciente de todo aquello.
Esto era el tipo de cosas que leían los hombres de clase media. Incapaces de criticarlas, las consideraban ingeniosas e irrefutables. Eso era lo peor de todo. Libros de esta índole se leían sin que hubiera nadie allí para señalar las cosas. …
Debería ser ilegal publicar un libro escrito por un hombre sin dárselo primero a una mujer para que lo anote.
Pero ¿cuál era la respuesta para los hombres que llamaban inferiores a las mujeres porque no habían inventado ni logrado nada en la ciencia o el arte? ¿Bajo la autoridad de quién habían decidido los hombres que la ciencia y el arte eran más grandes que cualquier otra cosa? El mundo no podría seguir adelante hasta que se hubiera respondido a esta pregunta. Hasta entonces, hasta que se hubiera explicado con claridad que los hombres estaban siempre y en todo momento parcialmente equivocados en todas sus ideas, la vida estaría llena de veneno y de amargura secreta. …
Los hombres pelean por sus filosofías y religiones, no hay certeza en ellas; pero su desprecio por las mujeres es impecable y unánime. Hasta Emerson… positivo y negativo, norte y sur, macho y hembra… ¿por qué negativo? Maeterlinck es quien más se acerca al saber que las mujeres apenas pueden convivir con los hombres, y esperan, siempre han estado esperando, a que los hombres cobren vida. ¿Cómo van a cobrar vida los hombres; siempre atareados? ¿Cómo pudo hacerlo el hombre que escribió este libro? Incluso si fuera quemado