cadavérico sobre el helecho marchito en el centro de la mesa y dejaba los rincones más alejados de la habitación en la oscuridad. Pero había alguien allí; un hombre, sentado en el respaldo del sofá, y más allá otra persona sentada en el sofá. Avanzó en medio del silencio. No hicieron ningún movimiento; huéspedes, personas que no conocía, estupefactas por su resistencia a la desolación de la habitación. Fue hacia la chimenea y se quedó mirando la esfera del reloj. El reloj no funcionaba.
—¿Quiere el Greenwich de verdad, señorita Henderson? Se volvió, avergonzada de su mezquino renacer de interés por un mundo del que se había apartado, para observar a la mujer que había hecho posible una relación amistosa con el señor Gunner. —Oh, sí que lo quiero —respondió a toda prisa, evitando con cuidado el encuentro de miradas que provocaría su muda risita de cacareo. Pero estaba mirando a los ojos de la señora Bailey. … Sentada, acurrucada pulcramente en la esquina del sofá, con las manos entrelazadas, su pobreza velada por la luz tenue, parecía estar sonriendo a una bienvenida lejana desde un rostro que brillaba, redondo y rosado, en la penumbra. No estaba ni molesta ni complacida. Estaba muy lejos, y el señor Gunner seguía conduciendo la entrevista. Volvía a hablar, con el reloj en la mano. Él, que al parecer se había convertido en una especie de íntimo de los Bailey, la desdeñaba, por supuesto, por su distanciamiento durante el mal periodo. Ella no prestó atención a sus palabras, absorta en los curiosos y silenciosos modales de la señora Bailey, en su extraño e insólito aire de no tomar parte en lo que estaba ocurriendo.
Buscó a tientas alguna pregunta que justificara su presencia y tal vez rompiera el encanto, y recuperó el recuerdo del tipo de pesquisas que solían usar los huéspedes para prolongar sus momentos de charla con la señora Bailey.
En respuesta a su anuncio de que había bajado para preguntar cuál era la mejor manera de llegar a Covent Garden temprano por la mañana, la señora Bailey se inclinó hacia adelante como para entablar conversación.