el resto.
Pero para hacer estos Experimentos más manifiestos, deben elegirse tales Cuerpos que tengan los Colores más llenos y vívidos, y dos de esos Cuerpos han de compararse juntos.
Así, por ejemplo, si el cinabrio y el azul ultramar, u otro azul intenso, se exponen juntos a la luz homogénea roja, ambos parecerán rojos, pero el cinabrio aparecerá de un rojo fuertemente luminoso y resplandeciente, y el azul ultramar de un rojo tenue, oscuro y apagado; y si se exponen juntos a la luz homogénea azul, ambos parecerán azules, pero el ultramar aparecerá de un azul fuertemente luminoso y resplandeciente, y el cinabrio de un azul tenue y oscuro.
Lo cual deja fuera de toda duda que el cinabrio refleja la luz roja mucho más copiosamente de lo que lo hace el ultramar, y el ultramar refleja la luz azul mucho más copiosamente de lo que lo hace el cinabrio.
El mismo experimento puede intentarse con éxito con minio y añil, o con cualquier otros dos cuerpos coloreados, si se toma debidamente en cuenta la diferente intensidad o debilidad de su color y de su luz.
Y como la razón de los Colores de los Cuerpos naturales es evidente por estos Experimentos, así se confirma aún más y se pone fuera de duda mediante los dos primeros Experimentos de la primera Parte, por los cuales se probó en tales Cuerpos que las Luces reflejadas que difieren en Colores difieren también en grados de Refrangibilidad. Pues de ahí es cierto que unos Cuerpos reflejan los Rayos más refrangibles, y otros los menos refrangibles, con mayor copiosidad.
Y que esta no es solo una verdadera razón de estos Colores, sino incluso la única razón, puede desprenderse además de esta consideración: que el Color de la Luz homogénea no puede ser cambiado por la reflexión de los cuerpos naturales.
Porque si los Cuerpos por Reflexión no pueden alterar en lo más mínimo el Color de ninguna clase de Rayos, no pueden aparecer coloreados por ningún otro medio que no sea reflejando aquellos que son de su propio color, o que por mezcla deben producirlo.
Pero al intentar Experimentos de esta clase hay que cuidar que la Luz sea suficientemente homogénea. Pues si los Cuerpos son iluminados por los colores prismáticos ordinarios, no parecerán ni de sus colores a la Luz del día, ni del color de la Luz que se les proyecta, sino de algún color intermedio entre ambos, según he hallado por Experiencia. Así, el minio (por ejemplo) iluminado con el verde prismático ordinario no aparecerá ni rojo ni verde, sino anaranjado o amarillo, o entre amarillo y verde, según que la Luz verde con que es iluminado esté más o menos compuestas. * Pues debido a que el minio aparece rojo cuando es iluminado con Luz blanca, en la cual toda clase de Rayos están igualmente mezclados, y en la Luz verde toda