telescopios pudiera llevarse finalmente por completo a la práctica, aun así habría ciertos límites más allá de los cuales los telescopios no podrían rendir. Pues el aire a través del cual observamos las estrellas se encuentra en un perpetuo temblor; como puede verse por el movimiento trémulo de las sombras proyectadas desde las torres altas y por el centelleo de las estrellas fijas. Pero estas estrellas no centellean cuando se observan a través de telescopios que tienen grandes aperturas. Pues los rayos de luz que pasan a través de diversas partes de la apertura tiemblan cada uno por separado y, mediante sus temblores varios y a veces contrarios, caen al mismo tiempo sobre diferentes puntos en el fondo del ojo, y sus movimientos trémulos son demasiado rápidos y confusos como para ser percibidos individualmente. Y todos estos puntos iluminados constituyen un único punto lúcido y amplio, compuesto por esos muchos puntos trémulos mezclados de manera confusa e insensible unos con otros mediante temblores muy breves y rápidos, haciendo con ello que la estrella parezca más ancha de lo que es, y sin ningún temblor del conjunto. Los telescopios largos pueden hacer que los objetos parezcan más brillantes y grandes de lo que pueden hacerlo los cortos, pero no pueden formarse de tal manera que eliminen esa confusión de los rayos que proviene de los temblores de la atmósfera. El único remedio es un aire de lo más sereno y tranquilo, tal como el que tal vez pueda hallarse en las cumbres de las montañas más altas, por encima de las nubes más densas.
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Proposiciones.
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