Vamos, que si hubiera dos como tú, no tardaríamos en quedarnos sin ninguno, pues el uno mataría al otro. ¿Tú? ¡Vaya! Si eres capaz de buscarle pleito a un hombre por tener un pelo más o un pelo menos en la barba que tú. Le buscarías pleito a un hombre por cascar nueces, sin más motivo que el de tener tú los ojos avellana. ¿Qué ojo, sino un ojo tal, descubriría semejante disputa? Tu cabeza está tan llena de riñas como un huevo de yema, y sin embargo, ¡bien te han zurrado la cabeza por riñoso hasta dejarla huera como un huevo! ¿No te has peleado con un hombre por toser en la calle, porque le ha despertado al perro que dormía plácidamente al sol? ¿No te enzarzaste con un sastre por llevar su jubón nuevo antes de Pascua? ¿Y con otro por atarse los zapatos nuevos con una cinta vieja? ¡Y aún pretenderás darme lecciones a mí para que no discuta!
BENVOLIO.
Y si fuera tan dado a las riñas como tú, cualquiera podría comprar la propiedad absoluta de mi vida por una hora y cuarto.
MERCUCIO.
¡El pleno dominio! ¡Oh, dominio!
Entran Teobaldo y otros.
BENVOLIO.
A fe, ahí vienen los Capuletos.
MERCUCIO.
Por mi talón, que no me importa.
TYBALT. > Sígueme de cerca, que voy a