ROMEO.
Tengo el manto de la noche para ocultarme de sus ojos;
y si no me amas, que me encuentren aquí.
Mi vida terminaría mejor por su odio
que ver la muerte postergada y carecer de tu amor.
JULIETA.
¿Quién te guio para encontrar este lugar?
ROMEO.
Por amor, que primero me movió a indagar;
él me prestó consejo, y yo le presté mis ojos.
No soy piloto; mas aunque estuvieras tan lejos
como esa inmensa orilla bañada por el más distante mar,
me lanzaría a la aventura por semejante mercancía.
JULIETA. Bien sabes que la máscara de la noche cubre mi rostro, si no, el sonrojo de una doncella teñiría mis mejillas por lo que me has oído decir esta noche. De buena gana guardaría las formas, de buena, buena gana negaría lo que he dicho; pero adiós a los cumplidos.