BENVOLIO.
Pues, ¿qué es Teobaldo?
MERCUTIO.
Más que príncipe de los gatos. ¡Oh!, es el intrépido capitán de los cumplidos. Lucha como cantas música de punto, lleva el compás, la distancia y la proporción. Se toma su silencio de mínima, uno, dos, y el tercero en tu pecho: el auténtico carnicero de un botón de seda, un duelista, un duelista; un caballero de la más alta alcurnia, de la primera y segunda causa. ¡Ah, el inmortal passado, el punto reverso, el hay!
BENVOLIO.
¿El qué?
MERCUCIO.
¡Peste de tales modales grotescos y ceceantes, de fantasías afectadas; estos nuevos afinadores de acento! ¡Por Jesús, una muy buena espada, un hombre muy valiente, una muy puta excelente! ¿Por qué, no es esto cosa lamentable, abuelo, que hayamos de estar así afligidos por estas moscas extrañas, estos esclavos de la moda, estos «perdón-més», que tanto se encaman en la nueva forma que no pueden sentarse a gusto en el viejo banco? ¡Ay, sus huesos, sus huesos!
Entra Romeo.
BENVOLIO.
- ¡Aquí viene Romeo, aquí viene Romeo!
MERCUCIO.