Oh, entonces, veo que la reina Mab ha estado con vos.
Ella es la partera de las hadas, y viene con una forma no mayor que una ágata en el índice de un regidor, tirada por un séquito de pequeños átomos sobre las narices de los hombres mientras duermen:
- Los rayos de su carro son de largas patas de araña;
- La capota, de alas de saltamontes;
- Las bridas, de la tela de araña más fina;
- Los collares, de los rayos acuosos de la luz de la luna;
- Su látigo, de hueso de grillo; la Zajona, de película;
- Su mayoral, un mosquito pequeño de grisáceo abrigo,
- ni la mitad de grande que un redondito gusano
- extraído del dedo perezoso de una doncella;
- Su carroza es una avellana vacía,
- hecha por la ardilla carpintera o el viejo gusano,
- desde tiempo inmemorial carroceros de las hadas.
Y en este estado galopa noche a noche por el cerebro de los amantes, y entonces sueñan con amor; sobre las rodillas de los cortesanos, que al punto sueñan con reverencias; sobre los dedos de los abogados, que al punto sueñan con honorarios; sobre los labios de las damas, que al punto sueñan con besos, con los que a menudo la airada Mab castiga con ampollas, porque su aliento está mancado de golosinas: a veces galopa sobre la nariz de un cortesano, y entonces sueña él con olfatear un pleito; y a veces viene con la cola de un lechón del diezmo, haciéndolecosquillas en la nariz a un cura mientras duerme, y entonces sueña él con otro beneficio; a veces cruza al trote sobre el cuello de un soldado, y entonces sueña él con degollar extranjeros, con brechas, emboscadas, hojas toledanas, con brindis a cinco brazas de hondo; y al momento le tamborilea en el oído, con lo que se estremece y despierta; y, estando así asustado, jura un par de plegarias y vuelve a dormirse.