Se os busca y se os llama, se os reclama y se os requiere en la gran sala.
SEGUNDO CRIADO.
No podemos estar aquí y allá al mismo tiempo. Ánimo, muchachos. Avívense un rato, y que el que viva más se lo lleve todo.
[Salen.]
Entran Capuleto, etc. con los invitados y damas para los enmascarados.
CAPULETO.
Bienvenidos, caballeros; las damas que tengan los dedos libres de callos se echarán un baile con ustedes. Ah, mis niñas, ¿cuál de todas ustedes se negará ahora a bailar? Aquella que se haga la remilgada, juro que tiene callos. ¿Les he dado en el clavo, eh?
¡Bienvenidos, caballeros! He conocido días en que yo llevaba antifaz y sabía susurrar al oído de una bella dama historias capaces de encandilar; se fue, se fue, se fue,
¡sean bienvenidos, caballeros! Vamos, músicos, toquen. ¡Hagan sitio, hagan sitio, despejen! Y a mover los pies, muchachas.
[Suena la música y bailan.]
¡Más luz, granujas!; y levanten las mesas, y apaguen el fuego, que la sala se ha puesto demasiado caliente. Ah, bribón, esta diversión inesperada viene de perlas. No, siéntense, no, siéntense, buen primo Capuleto, pues a usted y a mí ya se nos pasaron los días de baile; ¿cuánto hace ya desde la última vez que usted y yo estuvimos en un baile de máscaras?