Señora, una hora antes de que el sol adorado asomara por la dorada ventana del oriente, una mente turbada me impulsó a salir a caminar, donde bajo el bosque de sicomoros que echa raíces al oeste de este lado de la ciudad, caminando tan temprano vi a vuestro hijo. Fui hacia él, pero se percató de mi presencia y se deslizó hacia la espesura del bosque. Yo, midiendo sus afectos por los míos, que entonces buscaban más donde menos se pudiera hallar, al ser uno de más con mi cansado ser, seguí mi capricho, sin seguir el suyo, y con gusto evité a quien con gusto huía de mí.
MONTAGUE. Many a morning hath he there been seen, With tears augmenting the fresh morning’s dew, Adding to clouds more clouds with his deep sighs; But all so soon as the all-cheering sun Should in the farthest east begin to draw