JULIETA.
¿Te vas ya? Aún no está cerca el día.
Fue el ruiseñor, y no la alondra,
el que hirió el temeroso hueco de tu oído;
todas las noches canta en aquel granado.
Créeme, amor, fue el ruiseñor.
ROMEO.
Era la alondra, heraldo de la aurora,
y no el ruiseñor. Mira, amor, qué envidiosas franjas
ribetean las nubes desgajadas allá en el oriente.
Las bujías de la noche se hanconsumido, y el jocundo día
se halla de puntillas sobre las cumbres de brumosos montes.
Debo partir y vivir, o quedarme y morir.
JULIET.
Esa luz no es la del día, lo sé, lo sé.
Es algún meteoro que exhala el sol
para serte esta noche portador de antorcha
e iluminarte el camino a Mantua.
Quédate, por tanto, aún; no necesitas marcharte.
ROMEO.