¡Lejos de mí la prudente clemencia, y sea la furia de ojos de fuego mi guía ahora! Ahora, Tebaldo, recobra el «villano» que hace poco me diste, pues el alma de Mercucio está a poca distancia sobre nuestras cabezas, esperando la tuya para que le haga compañía. O tú, o yo, o ambos, debemos ir con él.
TYBALT.
Maldito joven que aquí le acompañaste,
con él habrás de irte.
ROMEO.
Esto ha de resolverlo.
[Luchan; cae Tibaldo.]
BENVOLIO.
¡Romeo, huye, vete!
Los ciudadanos se alzan y Teobaldo ha muerto.
No te quedes atónito. El Príncipe te condenará a muerte
si te atrapan. ¡Por tanto, vete, huye!
ROMEO.
¡Ay, soy el juguete de la fortuna!