vuestro odio, pues el cielo halla modo de matar vuestras alegrías con amor! Y yo, por tolerar también vuestras discordias, he perdido a un par de parientes. Todos están castigados.
CAPULET.
Oh, hermano Montesco, dame la mano.
Esta es la dote de mi hija, pues ya no puedo
pedir más.
MONTECO. Pero aún puedo darte más, pues levantaré su estatua de oro puro; y mientras Verona conserve su nombre, ninguna figura alcanzará tanto valor como la