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nydus/Romeo and JulietPublic
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Acto III, Escena I

Que me prendan, que me den muerte, estoy contento, ya que así lo quieres. Diré que aquel gris no es el ojo de la mañana, sino el pálido reflejo de la frente de Cintia. Tampoco es esa la alondra cuyos trinos golpean el cielo abovedado tan alto sobre nuestras cabezas. Tengo más afán de quedar que voluntad de irme. Ven, muerte, y sé bienvenida. Julieta así lo quiere. ¿Cómo estás, alma mía? Hablemos. No es de día.

JULIETA.

¡Sí, es, sí es! Huya de aquí, márchese, váyase.

Es la alondra la que canta tan desentonada,

forzando discordancias ásperas y agudos desagradables.

Dicen algunos que la alondra hace dulces variaciones;

esta no lo hace así, pues a nosotros nos varía.

Dicen algunos que la alondra y el sapo odioso intercambian ojos.

¡Oh, ojalá hubieran intercambiado también las voces,

ya que de brazo a brazo esa voz nos aterra,

echándote de aquí con la alborada hacia el día!

¡Oh, márchese ya, cada vez hay más y más luz!

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