Dile a un enfermo que, con melancolía, haga su testamento, mal consejo para alguien que se halla tan mal. Con melancolía, primo, amo a una mujer.
BENVOLIO.
Tan cerca estuve al suponer que amabas.
ROMEO.
- Un muy buen tirador, y es hermosa la que amo.
BENVOLIO.
A la blanquita y bella diana, bella prima, se le atina antes.
ROMEO.
Bien, en ese blanco fallas: no hay dardo que la alcance del arquero Cupido; del ingenio de Diana está armada; y con fuerte prueba de castidad bien pertrechada, del débil y aniñado arco de amor vive inmune. No aguardará el asedio de amorosas palabras, ni tolerará el encuentro de ojos asaltantes, ni abrirá su regazo al oro que seduce a los santos: ¡Ay, es rica en belleza, y solo pobre en esto: que al morir ella, con su belleza muere su tesoro!
BENVOLIO.
¿Pues ha jurado mantenerse siempre casta?
ROMEO. Lo ha hecho, y en su escasez hay gran desdoro; pues la hermosura, al negarse con rigor,